El zorro y el cóndor

El zorro presume de aguantar el frío mejor que nadie y reta al cóndor a pasar la noche en la cima nevada. Pero en los Andes, el que presume, tirita.

El zorro y el cóndor: ilustración

Cuento popular andino (tradición quechua) · Perú y Bolivia (Andes) · unos 3 minutos de lectura

En lo alto de los Andes, donde las montañas tienen gorros de nieve todo el año, vivían un zorro y un cóndor. El cóndor era grande, serio y volaba más alto que nadie. El zorro era pequeño, hablador y presumía de todo.

Un día el zorro dijo: «Yo aguanto el frío mejor que cualquier animal de estas montañas. Mejor que tú, cóndor, con todas tus plumas». El cóndor lo miró tranquilo y respondió: «Si quieres, lo comprobamos. Esta noche subimos a la cima del cerro nevado, y el que aguante hasta el amanecer sin moverse, gana».

«¿Y qué gana?», preguntó el zorro. «El que pierda invitará al otro a una cena con lo mejor que encuentre», dijo el cóndor. El zorro, que ya se veía ganando, aceptó encantado.

Al anochecer subieron juntos a la cima. El viento silbaba y la nieve crujía bajo las patas. El cóndor se sentó sobre una roca, metió la cabeza entre las alas y se quedó quieto como una piedra. El zorro se sentó a su lado, muy orgulloso, con la cola bien levantada.

Pasó una hora. «¿Tienes frío, zorro?», preguntó el cóndor sin moverse. «¿Frío yo? ¡Para nada! Estoy calentito», dijo el zorro, aunque le castañeteaban un poco los dientes.

Pasó otra hora. La luna subió y el frío apretó. «¿Tienes frío, zorro?». «Ni… ni… ni un poquito», dijo el zorro, con la cola enrollada alrededor del cuerpo y las orejas tiesas de escarcha.

A medianoche el viento sopló más fuerte. «¿Tienes frío, zorro?». «¡Nnn-no!», contestó, pero la voz le salió temblando. Y cuando faltaba poco para el amanecer, el cóndor volvió a preguntar: «¿Tienes frío, zorro?». Y esta vez no hubo respuesta: el zorro estaba acurrucado en la nieve, hecho una bola, con los ojos cerrados y tiritando de la cabeza a la cola.

El cóndor abrió las alas enormes, lo tapó con ellas como con una manta y esperó al sol. Cuando los primeros rayos tocaron la cima, el zorro se despertó, calentito debajo de las plumas, y entendió que había perdido.

«Tú ganas, cóndor», dijo con las orejas gachas. «Y gracias por taparme». Bajaron juntos la montaña, y aquella noche el zorro invitó al cóndor a cenar con lo mejor que encontró: una cesta de papas asadas y maíz tierno.

Desde entonces, en los Andes, cuando alguien presume más de la cuenta, le dicen: «Cuidado, que el que presume, tirita, como el zorro en la cima».

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Sobre este cuento

Cuento popular andino (tradición quechua). El zorro presume de aguantar el frío mejor que nadie y reta al cóndor a pasar la noche en la cima nevada. Pero en los Andes, el que presume, tirita. Es una versión tradicional contada para niños de 4 a 9 años.

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