El conejo y el coyote

El coyote quiere comerse al conejo, pero el conejo es mucho más listo. Una tuna, un queso en el agua y una roca que «se va a caer» bastan para dejarlo sin cena.

El conejo y el coyote: ilustración

Cuento popular mexicano (tradición oaxaqueña) · México · unos 3 minutos de lectura

En el campo de México, donde crecen los nopales y los magueyes, vivía un conejo pequeño y muy listo. Y en el mismo campo vivía un coyote grande y muy hambriento que soñaba, día y noche, con comerse al conejo.

Una tarde el coyote encontró al conejo sentado en lo alto de un nopal, comiendo tunas. «¡Conejo! Hoy sí te como», gruñó. «Espera, coyote», dijo el conejo. «Antes prueba estas tunas, que son las más dulces del mundo. Cierra los ojos y abre la boca, que te las lanzo peladas».

El coyote cerró los ojos y abrió la boca. El conejo le lanzó una tuna pelada, y luego otra, muy dulces. «¡Más!», pidió el coyote. Entonces el conejo le lanzó una tuna con todas sus espinas. El coyote dio un aullido, y mientras se quitaba las espinas de la lengua, el conejo ya había desaparecido entre los magueyes.

Días después, el coyote volvió a encontrarlo, esta vez a la orilla de una laguna, de noche. «Ahora sí no te escapas», dijo. «Coyote, mira», susurró el conejo señalando el agua, donde brillaba el reflejo de la luna llena. «Ahí abajo hay un queso enorme y redondo. Yo soy muy pequeño para sacarlo, pero tú, que eres fuerte, podrías beberte el agua y llegar hasta él».

El coyote miró el queso redondo y blanco, se relamió y empezó a beber. Bebió y bebió hasta que la barriga se le puso como un tambor, y mientras tanto el conejo se fue dando saltitos. Cuando el coyote levantó la cabeza, el queso seguía allí… porque era la luna.

Pasó el tiempo, y el coyote, más enojado que nunca, encontró al conejo apoyado con las dos patas contra una roca enorme en la ladera de un cerro. «¡Ahora sí!», dijo. «¡Shhh, no grites!», contestó el conejo con cara de susto. «Esta roca se va a caer y va a aplastar todo el valle. Yo la estoy sujetando, pero ya no puedo más. Ayúdame un momento, que voy a buscar un palo para apuntalarla».

El coyote, asustado, apoyó las patas contra la roca con todas sus fuerzas. «¡Corre, conejo, corre!», gritó. Y el conejo corrió… pero no volvió. El coyote estuvo sujetando la roca hasta el amanecer, temblando de cansancio, hasta que por fin se apartó de un salto. La roca no se movió ni un centímetro.

Entonces el coyote comprendió que el conejo lo había engañado otra vez, y se fue a dormir con la barriga vacía.

Por eso, en el campo mexicano, cuando alguien es muy listo y muy pequeño, la gente dice: «Es como el conejo, que con una tuna, un queso y una roca dejó al coyote sin cenar».

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Sobre este cuento

Cuento popular mexicano (tradición oaxaqueña). El coyote quiere comerse al conejo, pero el conejo es mucho más listo. Una tuna, un queso en el agua y una roca que «se va a caer» bastan para dejarlo sin cena. Es una versión tradicional contada para niños de 4 a 9 años.

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