El conejo en la Luna
Un conejito comparte su cena con un viajero cansado, sin saber que es el dios Quetzalcóatl. Desde entonces, su figura brilla en la Luna para que todos recuerden su generosidad.

Leyenda mexicana de origen azteca · México · unos 3 minutos de lectura
Cuentan en México que hace mucho, mucho tiempo, el dios Quetzalcóatl quiso conocer la tierra como la conocen los hombres. Así que se convirtió en un viajero sencillo, con un bastón y un sombrero, y se puso a caminar.
Caminó todo el día bajo el sol, por caminos de piedra y campos de maguey. Cuando llegó la noche, estaba tan cansado y tenía tanta hambre que se sentó en una piedra, sin fuerzas para seguir.
Cerca de allí, un conejito pequeño comía hierba fresca a la luz de las estrellas. Vio al viajero y le preguntó: «¿Qué haces aquí tan solo?». «Tengo hambre y no tengo nada que comer», respondió el viajero.
«Yo como hierba», dijo el conejito. «¿Quieres un poco?». «Gracias, pequeño, pero los hombres no comemos hierba». El conejito se quedó pensando. Luego dijo: «Entonces no tengo nada más que darte… solo a mí mismo. Si tienes tanta hambre, cómeme a mí».
El viajero miró al conejito con asombro. Lo levantó con las dos manos, con mucho cuidado, y le dijo: «Eres el animal más generoso que he conocido. No voy a comerte. Pero haré que todo el mundo recuerde tu bondad para siempre».
Y lo levantó muy alto, hasta la Luna, tan alto que la figura del conejito quedó marcada en ella. Luego lo bajó suavemente y lo dejó otra vez en la hierba.
«Ahí tienes tu retrato», le dijo el viajero. «Cada noche de luna llena, todos los que miren al cielo te verán y sabrán que un conejito pequeño tuvo el corazón más grande».
El conejito miró hacia arriba y, en la Luna redonda y brillante, vio su propia silueta: las orejas largas, el cuerpo redondito y las patas encogidas.
Desde entonces, en las noches de luna llena, los niños de México miran al cielo y buscan al conejo. Y cuando lo encuentran, se acuerdan de que compartir lo poco que uno tiene es el regalo más grande.
Y así termina esta leyenda, que brilla cada noche sobre nuestras cabezas.
Sobre este cuento
Leyenda mexicana de origen azteca. Un conejito comparte su cena con un viajero cansado, sin saber que es el dios Quetzalcóatl. Desde entonces, su figura brilla en la Luna para que todos recuerden su generosidad. Es una versión tradicional contada para niños de 4 a 9 años.
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