La ratita presumida

Una ratita encuentra una moneda, se compra un lazo rojo y se sienta a la ventana a esperar novio. Pero no todo el que canta bonito es un buen amigo.

La ratita presumida: ilustración

Cuento popular español · España · unos 3 minutos de lectura

Había una vez una ratita muy limpia y muy presumida que vivía en una casita blanca al final de la calle. Todas las mañanas barría la puerta de su casa con una escobita de ramas, y la dejaba tan limpia que los vecinos se paraban a mirar.

Una mañana, mientras barría, la escoba tropezó con algo que brillaba entre las piedras. La ratita se agachó y… ¡era una moneda de oro!

«¿Qué me compraré con esta moneda?», se preguntó la ratita. «¿Me compraré caramelos? No, que me dolerán los dientes. ¿Me compraré avellanas? No, que me dolerá la barriga. ¡Ya sé! Me compraré un lazo rojo para la cabeza».

Y así lo hizo. Fue al mercado, compró el lazo más rojo y más bonito que había, se lo puso y se sentó en la ventana para que todo el mundo lo viera.

Al poco rato pasó por allí el gallo, que la vio tan guapa y le dijo: «Ratita, ratita, ¡qué bonita estás! ¿Te quieres casar conmigo?». La ratita le preguntó: «¿Y tú qué harás por las noches?». «¡Quiquiriquí!», cantó el gallo con todas sus fuerzas. «¡Ay, no, no! Que con esa voz me despertarás», dijo la ratita.

Luego pasó el perro. «Ratita, ratita, ¡qué bonita estás! ¿Te quieres casar conmigo?». «¿Y tú qué harás por las noches?». «¡Guau, guau, guau!». «¡Ay, no, no! Que con esa voz me asustarás».

Después pasó el cerdo. «Ratita, ratita, ¿te quieres casar conmigo?». «¿Y tú qué harás por las noches?». «¡Oink, oink, oink!». «¡Ay, no, no! Que con esa voz no me dejarás dormir».

Pasó también el burro, con su «¡Hiaaa, hiaaa!», y la ratita dijo que no. Pasó el pato con su «¡Cua, cua!», y la ratita dijo que no. Pasó la rana con su «¡Croac, croac!», y también le dijo que no.

Por fin pasó el gato. Se acercó despacio, se relamió los bigotes y dijo con una voz muy suave: «Ratita, ratita, ¡qué bonita estás! ¿Te quieres casar conmigo?». «¿Y tú qué harás por las noches?», preguntó la ratita. «Dormir y callar, dormir y callar», respondió el gato en un susurro.

«¡Ay, qué bien!», dijo la ratita. «Contigo sí me casaré». Y se puso aún más contenta con su lazo rojo.

Pero el gato no quería ser su esposo. El gato quería comérsela. La noche de la boda, cuando la ratita se durmió, el gato abrió la boca muy grande y…

Justo en ese momento llegó el ratón Pérez, el vecino de la ratita, que había oído un ruido. «¡Ratita, despierta, corre!», gritó, y los dos se escaparon por un agujero de la pared, tan pequeño que el gato no pudo seguirlos.

La ratita, con el corazón latiendo muy fuerte, comprendió que una voz dulce no siempre dice la verdad. Y como el ratón Pérez era bueno, valiente y además ratón, se casó con él.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Sobre este cuento

Cuento popular español. Una ratita encuentra una moneda, se compra un lazo rojo y se sienta a la ventana a esperar novio. Pero no todo el que canta bonito es un buen amigo. Es una versión tradicional contada para niños de 4 a 9 años.

Nuevos dibujos para colorear por correo

Una vez por semana enviamos una nueva colección de dibujos para colorear. Sin spam; puedes darte de baja con un clic.

¿Preguntas o comentarios?
Escríbenos y te respondemos personalmente. Tu opinión nos ayuda a mejorar