La leyenda de la yerba mate
Un anciano guaraní y su hija reciben en su choza a un viajero misterioso. Como agradecimiento por su hospitalidad, el viajero les regala una planta que une a la gente alrededor de una misma bebida.

Leyenda guaraní · Argentina, Paraguay, Uruguay y el sur de Brasil · unos 3 minutos de lectura
Hace muchísimos años, en la selva donde hoy se juntan Argentina, Paraguay y Brasil, vivía el pueblo guaraní. Los guaraníes caminaban mucho: cuando la tierra se cansaba de dar frutos, levantaban sus casas y se iban a buscar otro lugar.
Pero había un anciano que ya no podía caminar tanto. Se quedó en su choza, junto a un río, con su hija Yarí, que no quiso dejarlo solo. Vivían de lo que daba el bosque: miel, frutas y los peces del río.
Una tarde de lluvia, alguien llamó a la puerta de la choza. Era un viajero con una túnica clara, empapado y cansado. «¿Me dejan pasar la noche aquí?», preguntó. «Pasa», dijo el anciano. «Lo que tenemos es poco, pero lo compartimos».
Yarí encendió el fuego, le dio al viajero la mejor manta y le sirvió la comida que había guardado para el día siguiente. El viajero comió, descansó y los escuchó contar historias hasta que se apagó el fuego.
Por la mañana, antes de irse, el viajero les dijo: «Han sido buenos con un desconocido. Quiero darles un regalo que los acompañe siempre». Salió de la choza y señaló un arbusto verde y brillante que no estaba allí la noche anterior.
«Esta planta se llama caá», dijo. «Sequen sus hojas, tritúrenlas y pónganlas en una calabaza con agua caliente. Al beberla, el cansancio se irá, y nunca estarán solos, porque esta bebida siempre se comparte». Y el viajero desapareció entre los árboles.
El anciano y Yarí hicieron lo que les había dicho. Prepararon la bebida en una calabaza pequeña, la probaron con una cañita de bambú y sintieron un calor suave y una alegría nueva. Cuando pasaban otros guaraníes por el camino, los invitaban a beber de la misma calabaza, y así nacieron las charlas largas alrededor del mate.
Cuentan que el viajero era Tupá, el dios bueno de los guaraníes, y que Yarí se convirtió en la diosa de la yerba mate, la que cuida los campos verdes donde crece la planta.
Hoy, en Argentina, Paraguay y Uruguay, millones de personas se levantan por la mañana y preparan un mate. Lo pasan de mano en mano, entre amigos y en familia, igual que hace muchos años en la choza de Yarí. Y así, el regalo del viajero sigue uniendo a la gente.
Y así termina esta leyenda, que se cuenta mientras el agua se calienta para el mate.
Sobre este cuento
Leyenda guaraní. Un anciano guaraní y su hija reciben en su choza a un viajero misterioso. Como agradecimiento por su hospitalidad, el viajero les regala una planta que une a la gente alrededor de una misma bebida. Es una versión tradicional contada para niños de 4 a 9 años.
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