Juan Sin Miedo
Juan no sabe lo que es el miedo y sale por el mundo a buscarlo. Ni los fantasmas del castillo ni los sustos más grandes consiguen asustarlo… hasta que lo encuentra donde menos lo esperaba.

Cuento popular español · España · unos 4 minutos de lectura
Había una vez un muchacho llamado Juan que no sabía lo que era el miedo. Los truenos no le asustaban, la oscuridad no le asustaba, y cuando sus hermanos le contaban cuentos de fantasmas, él bostezaba y se dormía.
«Todo el mundo tiene miedo de algo», le decía su madre. «Pues yo quiero saber qué es eso del miedo», dijo Juan. Y un buen día tomó un pan, un trozo de queso y un palo, y se fue por el mundo a buscar el miedo.
En el primer pueblo le dijeron que en lo alto del monte había un castillo encantado donde nadie se atrevía a pasar la noche. «El rey ha prometido un saco de oro a quien duerma allí tres noches», le contaron. «Estupendo», dijo Juan, «allí seguro que encuentro el miedo».
La primera noche, Juan encendió la chimenea del castillo y se puso a asar unas castañas. A medianoche, una voz gritó desde lo alto de la chimenea: «¿Caigo o no caigo?». «¡Pues cae de una vez, que tengo hambre!», contestó Juan. Y por la chimenea cayó… ¡una pierna! Y luego otra. Y luego un brazo, y otro, y por último una cabeza que se juntó con todo lo demás y formó un hombre entero, muy pálido, que se quedó mirándolo.
«Buenas noches», dijo Juan sin dejar de asar castañas. «¿Quieres una? Están calentitas». El fantasma, que esperaba verlo salir corriendo, se quedó tan sorprendido que no supo qué decir y desapareció por donde había venido.
La segunda noche se oyeron cadenas, golpes en las puertas y aullidos en las torres. Juan subió a ver qué pasaba y encontró a tres fantasmas jugando a los bolos. «¿Puedo jugar?», preguntó. Y como lanzaba muy bien, les ganó tres veces seguidas. Los fantasmas se fueron enfadados, diciendo que con aquel muchacho no había manera de asustar a nadie.
La tercera noche, el fantasma más viejo del castillo se le apareció a Juan y le dijo: «Muchacho, llevas tres noches aquí y no has temblado ni una vez. Nosotros guardamos un tesoro en el sótano desde hace cien años, esperando a alguien que no tuviera miedo. Es tuyo». Y, dicho esto, los fantasmas se marcharon del castillo para siempre.
Juan bajó al sótano, encontró el cofre, y por la mañana se lo llevó al rey. Todo el pueblo lo recibió con música y lo llamaron Juan Sin Miedo. Pero Juan estaba un poco triste: «He ganado un tesoro, pero sigo sin saber qué es el miedo».
Pasaron los días. Una mañana, Juan dormía tranquilamente en su cama cuando su hermana pequeña, que quería gastarle una broma, le echó encima un balde entero de agua fría del pozo, con peces y todo.
Juan dio un salto, con los pelos de punta y el corazón a mil. «¡Ay! ¡Ay! ¿Qué es esto que siento? ¡Esto sí que es miedo!», gritó. Y toda la familia se echó a reír.
Así fue como Juan Sin Miedo conoció por fin el miedo: no en un castillo encantado, sino en su propia cama, por un balde de agua fría. Y desde entonces, antes de dormirse, siempre mira debajo de la cama… por si hay un balde.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Sobre este cuento
Cuento popular español. Juan no sabe lo que es el miedo y sale por el mundo a buscarlo. Ni los fantasmas del castillo ni los sustos más grandes consiguen asustarlo… hasta que lo encuentra donde menos lo esperaba. Es una versión tradicional contada para niños de 4 a 9 años.
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